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La Guerra en Gaza y las grandes palabras
La Guerra en Gaza y las grandes palabras
InfoporAnónimo1/15/2009

La guerra en Gaza y las grandes palabras Autor: Pedro Gómez-Valadés, Galicia No es, en absoluto, mi intención discutir ni debatir con quien parte de la premisa, en sus análisis del conflicto palestino-israelí, del no reconocimiento del derecho de Israel a existir. Digo esto ya que no es sólo Hamás quien rechaza el derecho básico a la existencia del Estado de Israel; también en nuestros patios destacados opinadores en los medios de comunicación fundamentan explícita o implícitamente todas sus críticas a Israel desde esta óptica coincidente con el integrismo islámico que en Gaza abandera Hamás. Lo más llamativo, escandalosamente llamativo, de los últimos días en el tratamiento a la Guerra en Gaza, es la iracunda reacción por parte de muchos opinadores y columnistas en los medios. Por supuesto que no todos, pero sí algunos desde luego muy significativos. Y su actitud actual es llamativa, escandalosamente llamativa insisto, por el vergonzoso silencio mantenido por estos mismos columnistas frente a los años de ataques indiscriminados contra pueblos y ciudades, contra la población civil de Israel por parte de la organización terrorista Hamás. Vergonzoso silencio incluso cuando la propia Hamás pasó a cuchillo -literalmente- a cientos de militantes palestinos de Al Fatah. Que estos opinadores le nieguen a Israel el derecho a la autodefensa no es en absoluto extraño; a fin de cuentas si yo niego tu derecho a vivir nunca veré con malos ojos que alguien pretenda eliminarte. De cajón. Pero también hay valoraciones y opiniones que desde la legítima crítica erran en mayor y menor grado por el simple hecho de partir del no reconocimiento del derecho del Estado de Israel a la autodefensa. Curiosa negativa que no tiene parangón en otro estado miembro de las Naciones Unidas. Me resulta incomprensible que todos los estados de la Tierra tengan reconocido el derecho a legítima defensa menos precisamente uno de los más amenazados. Uno de los fracasos, de los mayores fracasos de los que es fundamentalmente responsable la izquierda europea, es el de la perversa banalización del lenguaje. Pretendiendo aumentar quizá el calibre de la munición usada contra Israel, se habla con irresponsable alegría de ``genocidio'' ``Auschwitz'' ``apartheid'', etc. La irresponsabilidad histórica de parte de la izquierda europea tendrá algún día que rendir cuentas por su triste y en ocasiones miserable actitud cuando copia y pega las grandes palabras. Porque si la muerte de 400 personas -en su mayoría uniformados- es un genocidio, ¿cómo calificar entonces el atentado de las Torres Gemelas? ¿Porque cómo se puede calificar la muerte de 400 personas de ``holocausto'', y luego no abrir la boca ante la constante y sistemática eliminación de la nación tibetana por China, del drama de cientos de miles de olvidados en Darfur o en el Congo? Conozco a mucho izquierdista de salón -mucho, demasiado- queel 11 de septiembre de 2001 cuando el integrismo islámico hacía explotar las Torres Gemelas de Nueva York, disculpaban y minimizaban aquellas muertes con el delirante argumento de ``un ataque anti imperialista al corazón financiero de los Estados Unidos''. ¿Cómo calificar estas actitudes? Pero esta pseudo izquierda tiene una buena disculpa, padece de ceguera auto inflingida y teledirigida. Disculpa a la que no pueden recurrir algunos columnistas cuando a propósito y alguno de mala fe, deforman la realidad para así poder lanzar sus particulares piedras de salón al tanque israelí. Toda guerra es un fracaso. Pero no es honesto ni sensato la negación a Israel de su derecho a defenderse. Defenderse de quien, como es el caso de la organización terrorista Hamás, tiene en su ``Carta Fundacional'' prevista la eliminación del Estado de Israel y la expulsión de los judíos. Pedirles a los israelíes que no ejerzan su derecho a la legítima defensa es una hipocresía que desde luego no ayuda en nada a la resolución del conflicto por lo que casi todos hacemos votos. Mas informacion en: http://elrejunteil.wordpress.com/

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Gaza, Israel y el coro de lamentaciones de los hipócritas
InfoporAnónimo12/28/2008

Registrate y eliminá la publicidad! Gaza, Israel y el coro de lamentaciones de los hipócritas Por Eamonn McDonagh No será necesario esperar mucho tiempo para la primer oleada de quejas, hipocresía y malintencionados editoriales condenando la operación israelí en la banda de Gaza, iniciada esta mañana. Israel será acusado de actuar de manera desproporcionada, de cometer genocidio y de atacar deliberadamente a niños en armas y muchas cosas más por el estilo También será el momento de las apelaciones a una intervención internacional para proteger a los civiles (los civiles palestinos, por supuesto, ya que los civiles israelíes no cuentan para estos árbitros de la moral internacional), de "encarar las causas profundas" del conflicto (a los ojos de Hamas, y no sólo de Hamas, la causa fundamental no es la ausencia de un Estado palestino, sino la existencia de un Estado judío) y de que los dirigentes políticos y militares de Israel (solamente ellos y de ninguna parte más en el conflicto) sean encausados por crímenes de guerra. Hamas y sus partidarios en Occidente no pueden tener muchas quejas concernientes al desarrollo de la operación israelí. Han declarado reiteradamente su falta de interés por una ampliación del alto el fuego que acaba de expirar y han insistido en su determinación a seguir atacando a Israel con todos los medios a su disposición. De hecho, los ataques aéreos de esta mañana son una señal de la seriedad de las opiniones de Jerusalém con respecto a la forma de tratar al adversario más complicado en la partes implicadas en el conflicto armado. Es posible que los dirigentes de Hamas hubieran comenzado a creer en su propia propaganda respecto a su organización y sobre la debilidad de la fuerza moral de Israel, y pensarán que habían alcanzado un nivel de disuasión estratégica como el existente entre Israel y Hezbolá. Si este fuera el caso, sería muy adecuado que el proceso de desencantamiento en dichas creencias haya comenzado antes de que tuvieran la oportunidad de hacerlas realidad. Si bien la vulnerabilidad de Israel con respecto a los ataques masivos de cohetes contra su población civil, y las consiguientes restricciones a la hora de su libertad de acción, se pusieron de manifiesto en la Segunda Guerra del Líbano, ese mismo conflicto también puso de manifiesto la locura de permitir que sus enemigos se asentarán en lugares próximos a su frontera y adquirieran un arsenal de ese tipo y la respectiva infraestructura de apoyo. Quizá también haya algunos personajes esta mañana que se estén acariciando nerviosamente sus barbas en Teherán. Los mullahs, muy posiblemente, también han caído en la trampa de creer que el estado de los judíos estaba en las últimas, simplemente porque ellos mismos no se cansaban de repetírselo. También pueden haber creído que, aleccionados por la experiencia de 2006 en el Líbano, no habría un final a las provocaciones a Israel desde Gaza y que se soportaría que Hamas siguiera creciendo, tanto en fuerza como en arrogancia, de una manera ilimitada. A pesar de que se puede disculpar que las opiniones moderadas expresen sus temores sobre el posible número de bajas civiles palestinas, los defensores realistas de una solución de dos estados deben reconocer que hay muy poco que reprochar a la decisión de Israel de ampliar finalmente sus ataques contra Hamás, más allá de apuntar a los milicianos que lanzan los cohetes y morteros. Las dificultades de llegar a una solución de este tipo son, en cualquier caso, nada pequeñas y la existencia de la creencia de que el régimen de Hamas confiaba en que Israel nunca la tomaría en serio, es algo parecido a una fantasía. No puede haber una solución de dos estados mientras Hamas considere que existen opciones militares realistas de derrotar a Israel. Israel debe tomar todas las precauciones necesarias para impedir los daños a civiles y no deberían existir limitaciones a la entrada de alimentos y medicamentos en la Franja. También debería tratar de eliminar el mayor número de dirigentes políticos y militares que fuera posible. Israel debe parar de escuchar los gritos y lamentaciones de los hipócritas y, ahora que se ha iniciado, no debe dar un final prematuro a la operación. No se debería finalizar hasta que Hamas haya sufrido los suficientes daños como para estar preparada para aceptar un alto el fuego que incluye el completo final de los ataques contra Israel a cambio de que Israel permita una mejora sustancial en la calidad de vida de los civiles en Gaza. Fuente: http://safed-tzfat.blogspot.com/2008/12/gaza-israel-y-el-coro-de-lamentaciones.html

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Lo que se ve y lo que no se ve: El cristal roto
Lo que se ve y lo que no se ve: El cristal roto
Apuntes Y MonografiasporAnónimoFecha desconocida

Una pequeña leccion de economia de Frederic Bastiat (1801-1850) En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos [1], el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos. Toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever. Pero esta diferencia es enorme, ya que casi siempre sucede que, cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores son funestas, y vice versa. — Así, el mal economista persigue un beneficio inmediato que será seguido de un gran mal en el futuro, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien para el futuro, aun a riesgo de un pequeño mal presente. Lo mismo vale para la higiene o la moral. A menudo, cuanto más agradable es el primer fruto de una costumbre, más amargos son los siguientes. Por ejemplo: la corrupción, la pereza, el prodigarse. En cuanto un hombre, impresionado por el efecto que se ve, no habiendo aprendido aún a comprender los que no se ven, se abandona a sus funestas costumbres, no sólo por rutina, sino por cálculo (su propio beneficio). Esto explica la evolución fatalmente dolorosa de la humanidad. La ignorancia lo rodea al principio; así, ésta determina sus actos por sus consecuencias primeras, las únicas que, al principio, puede ver. Sólo con el tiempo aprende a tener en cuenta las otras [2]. Dos maestros bien diferentes le enseñan esta lección: La Experiencia y la Previsión. La experiencia enseña de manera eficaz pero brutal. Nos instruye de todos los efectos de un acto haciéndonoslos sufrir, y no podemos evitar, a fuerza de quemarnos, terminar sabiendo que el fuego quema. Me gustaría, todo lo posible, sustituir este rudo doctor por otro más agradable: la Previsión. Esto es por lo que voy a investigar las consecuencias de algunos fenómenos económicos, oponiendo a las que se ven las que no se ven. I. El cristal roto ¿Ha sido usted alguna vez testigo de la cólera de un buen burgués Juan Buenhombre, cuando su terrible hijo acaba de romper un cristal de una ventana? Si alguna vez ha asistido a este espectáculo, seguramente habrá podido constatar que todos los asistentes, así fueran éstos treinta, parecen haberse puesto de acuerdo para ofrecer al propietario siempre el mismo consuelo: ``La desdicha sirve para algo. Tales accidentes hacen funcionar la industria. Todo el mundo tiene que vivir. ¿Qué sería de los cristaleros, si nunca se rompieran cristales?´´ Mas, hay en esta fórmula de condolencia toda una teoría, que es bueno sorprender en flagrante delito, en este caso muy simple, dado que es exactamente la misma que, por desgracia, dirige la mayor parte de nuestras instituciones económicas. Suponiendo que haya que gastar seis francos para reparar el destrozo, si se quiere decir que el accidente hace llegar a la industria cristalera, que ayuda a dicha industria en seis francos, estoy de acuerdo, de ninguna manera lo contesto, razonamos justamente. El cristalero vendrá, hará la reparación, cobrará seis francos, se frotará las manos y bendirá de todo corazón al terrible niño. Esto es lo que se ve. Pero si, por deducción, se llega a la conclusión, como a menudo ocurre, que es bueno romper cristales, que esto hace circular el dinero, que ayuda a la industria en general, estoy obligado a gritar: ¡Alto ahí! Vuestra teoría se detiene en lo que se ve, no tiene en cuenta lo que no se ve. No se ve que, puesto que nuestro burgués a gastado seis francos en una cosa, no podrá gastarlos en otra. No se ve que si él no hubiera tenido que reemplazar el cristal, habría reemplazado, por ejemplo, sus gastados zapatos o habría añadido un nuevo libro a su biblioteca. O sea, hubiera hecho de esos seis francos un uso que no efectuará. Hagamos las cuentas para la industria en general. Estando el cristal roto, la industria cristalera es favorecida con seis francos; esto es lo que se ve. Si el cristal no se hubiera roto, la industria zapatera (o cualquier otra) habría sido favorecida con seis francos. Esto es lo que no se ve. Y si tomamos en consideración lo que no se ve que es un efecto negativo, tanto como lo que se ve, que es un efecto positivo, se comprende que no hay ningún interés para la industria en general, o para el conjunto del trabajo nacional, en que los cristales se rompan o no. Hagamos ahora las cuentas de Juan Buenhombre. En la primera hipótesis, la del cristal roto, él gasta seis francos, y disfruta, ni más ni menos que antes, de un cristal. En la segunda, en la que el accidente no llega a producirse, habría gastado seis francos en calzado y disfrutaría de un par de buenos zapatos y un cristal. O sea, que como Juan Buenhombre forma parte de la sociedad, hay que concluir que, considerada en su conjunto, y hecho todo el balance de sus trabajos y sus disfrutes, la sociedad ha perdido el valor de un cristal roto. Por donde, generalizando, llegamos a esta sorprendente conclusión: ``la sociedad pierde el valor de los objetos destruidos inútilmente,´´ — y a este aforismo que pondrá los pelos de punta a los proteccionistas: ``Romper, rasgar, disipar no es promover el trabajo nacional,´´ o más brevemente: ``destrucción no es igual a beneficio.´´ ¿Qué dirá usted, Moniteur Industriel, [3] que dirán ustedes, seguidores de este buen Sr. de Saint-Chamans, que ha calculado con tantísima precisión lo que la industria ganaría en el incendio de París, por todas las casas que habría que reconstruir? Me molesta haber perturbado sus ingeniosos cálculos, tanto más porque ha introducido el espíritu de éstos en nuestra legislación. Pero le ruego que los empiece de nuevo, esta vez teniendo en cuenta lo que no se ve al lado de lo que se ve. Es preciso que el lector se esfuerce en constatar que no hay solamente dos personajes, sino tres, en el pequeño drama que he puesto a su disposición. Uno, Juan Buenhombre, representa el Consumidor, obligado por el destrozo a un disfrute en lugar de a dos. El otro, en la figura del Cristalero, nos muestra el Productor para el que el accidente beneficia a su industria. El tercero es el zapatero, (o cualquier otro industrial) para el que el trabajo se ve reducido por la misma causa. Es este tercer personaje que se deja siempre en la penumbra y que, personificando lo que no se ve, es un elemento necesario en el problema. Es él quien enseguida nos enseñará que no es menos absurdo el ver un beneficio en una restricción, que no es sino una destrucción parcial. — Vaya también al fondo de todos los argumentos que se hacen en su favor, y no encontrará que otra forma de formular el dicho popular: ``¿Que sería de los cristaleros, si nunca se rompieran ristales?´´ [4]

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La lucha contra las drogas: Un enfoque diferente
Apuntes Y MonografiasporAnónimo4/7/2009

El siguiente es un articulo escrito por el analista militar y economista Ivan Eland. El articulo es un poco largo pero ofrece una vision interesante sobre la guerra contra las drogas y los carteles mexicanos y como ganarla. ¿Cómo combatir a los carteles de la droga mexicanos?: Legalizando sus actividades Por Ivan Eland Mientras la superpotencia estadounidense se ha inmiscuido en diversas y lejanas naciones alrededor del globo en nombre de mejorar su seguridad, con anterioridad al “11 de septiembre”, ha ignorado una amenaza mucho más próxima al país. En los últimos años, la administración Bush despreocupadamente inculpó a México por el flujo de drogas ilegales hacia los Estados Unidos y virtualmente ignoró la enardecida violencia que involucraba a los carteles de la droga mexicanos al sur de la frontera. Esa violencia rampante está ahora ingresando en los Estados Unidos bajo la forma de crimen. Una vez más, la administración Bush le ha pasado un bebé de alquitrán a la administración Obama. Y una vez más en el área de seguridad, la administración Obama ha mejorado respecto de la política de Bush (algo no difícil de lograr) pero precisa ir más lejos. En vez de meramente culpar a México por el problema, la administración Obama ha reconocido que la demanda por 65 mil millones de dólares al año de drogas ilegales en los Estados Unidos es parte del problema. En verdad, es la mentora del problema. Desafortunadamente, pese a admitir que los Estados Unidos comparten la culpa por el problema debido a que su floreciente demanda es el punto de partida, la administración Obama está todavía concentrada en la ya largamente fracasada política del gobierno de los EE.UU. de prohibir la oferta de drogas. La administración enviará a casi 500 agentes federales al sur de la frontera, acompañados de más vigilancia electrónica y máquinas de rayos x, y también se concentrará en detener el flujo de armas y de decenas de miles de millones de dólares en pagos destinados a los proveedores del sur. El año pasado, los funcionarios estadounidenses fueron capaces de confiscar menos de 1.000 millones en concepto de ingresos provenientes de las drogas ilícitas de los 18 a 39 mil millones estimados que son reenviados a México. Incluso seguramente tendrá lugar más espionaje sobre las cuentas bancarias de los estadounidenses, en lo que indudablemente constituirá un fútil esfuerzo para incrementar de manera apreciable el porcentaje decomisado. La nueva política de Obama guarda analogía con un alcohólico que admite tener un problema con la bebida, pero que culpa a los distribuidores de cerveza y procura que sean arrestados. La analogía con el alcohol puede ir aún más allá. Según el Departamento de Justicia, actualmente la mayor amenaza del crimen organizado en los Estados Unidos es la presencia de los carteles de la droga mexicanos en 230 ciudades de los EE.UU.. De manera similar, en los Estados Unidos, el crimen organizado tuvo un gran auge con la prohibición del alcohol en las décadas de 1920 y 1930. Por lo tanto, si se ha fracasado al ocuparnos tanto de la oferta (incluso el hecho de contar con una frontera fortificada todavía permite que ingresen decenas de miles de millones de dólares en concepto de importaciones de drogas por año) como de la demanda (las drogas son ilegales, sin embargo mucha gente sigue utilizándolas), ¿por qué no intentar un enfoque novedoso y contra-intuitivo como el que favorecen muchos economistas? ⌐Por qué no legalizar a las drogas para los adultos mayores de 21 años? ¿Suena radical? ¿Incluso alocado? He aquí la lógica. La elaboración de dichas drogas es barata. El motivo por el cual son tan costosas es debido a que por la producción, el transporte y la venta de drogas se corre el riesgo de arresto, tiempo en prisión e incluso lesiones o la muerte. El crimen tiene lugar en virtud de que las sustancias son ilícitas, la gente adquiere armas para protegerse y luego las utiliza para pelear contra otros carteles de la droga competidores por las enormes ganancias o para cometer delitos a fin de pagar los altos precios generados porque las drogas son ilegales. La legalización de las drogas para los adultos lo convertiría en un negocio común y los precios y las ganancias caerían dramáticamente, dando lugar de ese modo a muchos menos crímenes entre los productores, traficantes y usuarios. Si el precio cae, más individuos podrían probar drogas, pero el dinero puede ser mejor utilizado en campañas educativas y tratamientos antes que en estrictas leyes y sanciones sobre narcóticos y agentes gubernamentales, aparatos y muros fronterizos mejorados en lo que ha sido un esfuerzo inútil de varias décadas para contener el flujo de drogas hacia los Estados Unidos. Después de todo, dado que las drogas resultan baratas de elaborar, los productores de drogas simplemente estiman que entre el 10 y 15 por ciento será decomisado por las autoridades pertinentes y simplemente producen más para compensar esas cantidades. Además, los Estados Unidos poseen la mayor población carcelaria del mundo, pero muchos de esos individuos—encarcelados en su gran mayoría por delitos relacionados con las drogas—no deberían estar presos en primer lugar. ¿No tendría toda persona adulta que ser capaz de tomar sus propias decisiones acerca de qué sustancias introducir en su cuerpo? El consumo de la mayoría de las drogas ilegales no es saludable, pero ¿por qué el gobierno debería inmiscuirse en la regulación del comportamiento personal de los adultos? Reservemos a las celdas para los verdaderos criminales: asesinos, violadores, ladrones, pedófilos y aquellos que venden drogas ilegales a menores de edad. El enviar a prisión a vendedores y consumidores de drogas habituales lo único que provoca es que los contribuyentes gasten gran parte del dinero que obtuvieron duramente generando criminales experimentados. A eso se debe que México sea tan importante. Alrededor del 90 por ciento del tráfico estadounidense de drogas fluye desde allí debido a que México linda con los Estados Unidos, uno de los mayores mercados para las drogas ilegales en el mundo. México está siendo desestabilizado por una draconiana política estadounidense sobre las drogas, y esa inestabilidad está retornando a los Estados Unidos y generando una amenaza a la seguridad nacional bajo la forma de crimen importado. Esta es un área en la que la política interna de los EE.UU. está lesionando sus políticas exterior y de seguridad. Legalizar a las drogas para los adultos en el país volvería México, un vecino importante, más estable y a los Estados Unidos más seguros. Fuente: http://independent.typepad.com/elindependent/2009/04/c%C3%B3mo-combatir-a-los-carteles-de-la-droga-mexicanos-legalizando-sus-actividades.html

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Ludwig von Mises y el Capitalismo
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/26/2009

Ludwig von Mises (1881 - 1973) fue probablemente uno de los economistas mas importantes del siglo XX. Exponente de la escuela austriaca, el se consideraba partidario del "liberalismo clasico", su tratado de economía Acción Humana es seguramente la obra mas importante del S. XX en defensa de la libertad, tanto de mercado como la individual. Para leer una breve biografia clickeá acá En junio de 1959, Mises visitó la Argentina invitado por Alberto Benegas Lynch y dio una serie de conferencias en la facultad de derecho sobre distintos temas: - Capitalismo - Socialismo - Intervencionismo - Inflación - Inversiones extranjeras En esta oportunidad les traigo la transcripción de la primer conferencia: Capitalismo. En dicha conferencia se abordan los siguientes temas: - La verdad historica - El comienzo de la era industrial - Prosperidad de las fabricas - Nivel de vida obrero - La masa se convierte en consumidora - El capitalismo mejoró el nivel de vida - La legislación obrera - Las regiones subdesarrolladas - Necesidad de hombres de empresa Si te parece bastante extensa y simplemente queres leer sobre algún tema en especial, podes leer el resumen publicado por el diario La Prensa del 3 de junio de 1959: Clickeá en la imagen para verla en tamaño completo Capitalismo por Ludwig Von Mises (Universidad de Buenos Aires, junio de 1959) Los términos descriptivos que la gente utiliza son a menudo muy engañosos. Hablando de los modernos capitanes de industria y de los líderes de los grandes negocios, por ejemplo, llaman a una persona el ‘rey del chocolate’ o el ‘rey del algodón’ o el ‘rey del automóvil’. Su utilización de dicha terminología implica que no ven prácticamente diferencia alguna entre los modernos líderes de la industria y aquellos reyes, duques o señores feudales del pasado. Pero la diferencia, de hecho, es muy grande, ya que un ‘rey del chocolate’ no gobierna de manera alguna, sino que sirve. No reina sobre un territorio conquistado, independiente del mercado, independiente de sus clientes. El ‘rey del chocolate’ – o el ‘rey del acero’ o el ‘rey del automóvil’ o cualquier otro rey de la moderna industria – depende de la industria en la que opera y de los clientes a los cuales sirve. Este ‘rey’ debe mantenerse en buenos términos con sus ‘súbditos’, los consumidores; pierde su ‘reino’ tan pronto no pueda dar a sus clientes un mejor servicio, y proveerlo a un menor costo, que los otros con quienes debe competir. Hace doscientos años, antes de la llegada del capitalismo, la posición social de un hombre estaba fijada desde el comienzo hasta el final de su vida; la heredaba de sus ancestros y nunca cambiaba. Si nacía pobre, siempre permanecía siendo pobre; y si nacía rico – un lord, un duque – mantenía su ducado y las propiedades correspondientes por el resto de su vida. En lo que respecta a la manufactura, las primitivas industrias procesadoras de esos tiempos existían casi exclusivamente para beneficio de los ricos. La mayor parte de la gente (noventa por ciento o más de la población europea) trabajaba la tierra y no entraba en contacto con las industrias procesadoras, orientadas hacia las ciudades. Este rígido sistema de sociedad feudal prevaleció en la mayor parte de las áreas desarrolladas de Europa por muchos cientos de años. Sin embargo, como la población rural se expandía, se desarrolló un exceso de gente en la tierra. Este exceso de población, sin herencia de tierras o establecimientos rurales, no tenía mucho para hacer, ni le era posible trabajar en las industrias procesadoras; los reyes en las ciudades le negaban el acceso a las mismas. La cantidad de estos ‘marginados’ continuaba creciendo y todavía nadie sabía qué hacer con ellos. Eran – en el total sentido de la palabra - ‘proletarios’, a quienes el gobierno atinaba solamente a ponerlos en un asilo o casa para pobres. En algunos lugares de Europa, especialmente en Holanda y en Inglaterra, llegaron a ser tan numerosos que – para el siglo XVIII – eran una real amenaza para la preservación del sistema social prevaleciente. Hoy en día, analizando condiciones similares en lugares como India y otros países en desarrollo, no debemos olvidar que – en la Inglaterra del Siglo XVIII – las condiciones eran mucho peores. En ese tiempo Inglaterra tenía una población de seis o siete millones de personas, pero de esos seis o siete millones de personas, más de un millón, probablemente dos millones eran simplemente pobres marginados para los cuales no hacía provisión alguna el sistema social entonces prevaleciente. Qué hacer con estos marginados era uno de los grandes problemas de la Inglaterra del Siglo XVIII. Otro gran problema era la falta de materias primas. Los Británicos, con mucha seriedad, se hacían a sí mismos esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer en el futuro cuando nuestros bosques no nos provean más la madera que necesitamos para nuestras industrias y para calentar nuestros hogares? Para las clases dirigentes era una situación desesperante. Los hombres de estado no sabían qué hacer y la aristocracia no tenía idea alguna sobre como mejorar las condiciones. De esta preocupante situación social emergieron los comienzos del capitalismo moderno. Hubo algunas personas entre estos marginados, entre esta gente pobre, que trató de organizar a otros para instalar pequeños talleres que pudieran producir algo. Esto fue una innovación. Estos innovadores no producían cosas caras apropiadas solamente para las clases altas; producían cosas más baratas para cubrir las necesidades de todos. Y esto fue el origen del capitalismo tal como opera hoy. Fue el comienzo de la producción masiva, el principio fundamental de la industria capitalista. En tanto las antiguas industrias procesadoras que servían a la gente rica en las ciudades habían existido casi exclusivamente para cubrir la demanda de las clases altas, las nuevas industrias capitalistas comenzaron a producir cosas que pudieran ser compradas por la población en general. Era producción masiva para satisfacer las necesidades de las masas. Este es el principio fundamental del capitalismo tal como existe hoy en todos aquellos países en los cuales existe un altamente desarrollado sistema de producción masiva. Las Grandes Empresas, el objetivo de los más fanáticos ataques de los así llamados izquierdistas, producen casi exclusivamente para satisfacer las necesidades de las masas. Las empresas que producen artículos de lujo solamente para los ricos nunca alcanzan la magnitud de las grandes empresas. Y hoy, son los trabajadores de las grandes fábricas los principales consumidores de los productos hechos en dichas fábricas. Esta es la diferencia fundamental entre los principios capitalistas de producción y los principios feudales de las épocas anteriores. Cuando las personas suponen, o alegan, que hay una diferencia entre los productores y los consumidores de los productos de las grandes empresas, están gravemente equivocados. En las tiendas por departamento en los EEUU puede oírse la consigna ‘el cliente siempre tiene razón’ Y este cliente es la misma persona que produce en las fábricas esas cosas que son vendidas en la tienda por departamentos. Las personas que piensan que el poder de las grandes empresas es enorme, también están equivocadas, ya que las grandes empresas dependen totalmente de la voluntad de los que compran sus productos: la más grande de las empresas pierde su poder y su influencia cuando pierde sus clientes. Cincuenta o sesenta años atrás se decía en casi todos los países capitalistas que los ferrocarriles eran demasiado grandes y demasiado poderosos; que tenían un monopolio; que era imposible competir con ellos. Se alegaba que, en el campo del transporte, el capitalismo ya había alcanzado una etapa en la que se había destruido a sí mismo, ya que había eliminado a los competidores. Lo que la gente pasaba por alto era el hecho que el poder de los ferrocarriles dependía de su habilidad en servir a la gente mejor que cualquier otro método de transporte. Desde ya habría sido ridículo competir con uno de estos grandes ferrocarriles construyendo otro ferrocarril paralelo a la antigua línea, ya que esta antigua línea era suficiente para dar servicio a las necesidades existentes. Pero muy pronto vinieron otros competidores. La libertad para competir no significa que se puede tener éxito simplemente imitando o copiando con exactitud lo que algún otro ha hecho. La libertad de prensa no significas que se tiene el derecho de copiar lo que otra persona ha escrito y así obtener el éxito que esta otra persona ha ganado merecidamente en razón de sus logros. Significa que se tiene el derecho de escribir algo diferente. La libertad para competir respecto a los ferrocarriles significa, por ejemplo, inventar algo, hacer algo, que sea un desafío a los ferrocarriles y los ponga en una precaria situación competitiva. En los EEUU la competencia a los ferrocarriles – en la forma de ómnibus, automóviles, camiones y aviones – causó grandes problemas a los ferrocarriles y los derrotó casi totalmente, en lo que a transporte de pasajeros se refiere. El desarrollo del capitalismo consiste en que cada uno tenga el derecho de servir a su cliente mejor y / o más barato. Y este método, este principio, en un comparativamente corto período de tiempo, ha transformado el mundo 10 entero. Ha hecho posible un crecimiento – sin precedentes – en la población mundial, sin precedentes. En la Inglaterra del Siglo XVIII, la tierra podía soportar solamente seis millones de personas en un nivel de vida muy bajo. Hoy más de cincuenta millones de personas disfrutan un nivel de vida mucho más alto, aún del que disfrutaban los ricos durante el siglo XVIII. Y el nivel de vida sería hoy probablemente más alto si una gran cantidad de energía de los Británicos no hubiera sido desperdiciada en lo que fueron, desde varios puntos de vista, evitables ‘aventuras’ políticas y militares. Estos son los hechos sobre el capitalismo. Así si un inglés – o realmente cualquier otro hombre de cualquier otro país del mundo – dice hoy a sus amigos que se opone al capitalismo, hay una maravillosa forma de contestarle: ‘Tú sabes que la población de este planeta es ahora diez veces más grande que en las épocas que precedieron al capitalismo; tú sabes que todos los hombres hoy disfrutan de un mucho mejor nivel de vida que el que disfrutaron sus ancestros antes de la era del capitalismo. Pero, ¿cómo sabes que tú eres el uno entre diez que habría vivido en ausencia del capitalismo? El simple hecho que hoy estés vivo es la prueba que el capitalismo ha tenido éxito, así consideres o no que tu vida es valiosa’ A pesar de todos sus beneficios el capitalismo ha sido furiosamente atacado y criticado. Es preciso que comprendamos el origen de esta antipatía. Es un hecho que el odio hacia el capitalismo no se originó en las masas, ni entre los propios trabajadores, sino en la aristocracia terrateniente – la alta burguesía, la nobleza – de Inglaterra y del continente europeo. Ellos culparon al capitalismo por algo que no era para ellos demasiado agradable: a principios del Siglo XIX los más altos salarios pagados por la industria a sus trabajadores forzó a la burguesía terrateniente a pagar igualmente altos sueldos a los trabajadores agrícolas. La aristocracia atacó la industria enjuiciando el nivel de vida de las masas de trabajadores. Desde luego – desde nuestro punto de vista – el nivel de vida de los trabajadores era extremadamente bajo; las condiciones bajo el capitalismo temprano eran totalmente espeluznantes, pero no porque las recientemente desarrolladas industrias capitalistas hubieran perjudicado a los trabajadores. La gente contratada para trabajar en las fábricas ya había estado viviendo en un nivel virtualmente sub-humano. La famosa y antigua historia, repetida centenares de veces, que las fábricas empleaban mujeres y niños quienes, antes que estuvieran trabajando en las fábricas habían estado viviendo en condiciones satisfactorias, es una de las más grandes falsedades de la historia. Las madres que trabajaban en las fábricas no tenían con qué cocinar: ellas no habían dejado sus hogares y sus cocinas para ir a las fábricas porque no tenían cocina alguna, y si tenían una cocina, no tenían alimentos para cocinar en esas cocinas. Y los niños no venían de confortables guarderías. Estaban pasando hambre y se morían. Y toda la charla sobre el así denominado inenarrable horror del capitalismo temprano puede ser refutada por una simple estadística: precisamente en estos años en los cuales el capitalismo Británico se desarrolló, precisamente en la época llamada de la Revolución Industrial en Inglaterra en los años de 1760 a 1830, precisamente en esos años la población de Inglaterra se duplicó, lo que significa que centenares de miles de niños – que habrían muerto en los tiempos precedentes – sobrevivieron y crecieron para convertirse en hombres y mujeres. No hay dudas que las condiciones de los tiempos anteriores habían sido muy insatisfactorias. Fue el negocio capitalista que las mejoró. Fueron precisamente esas primeras fábricas que proveyeron a las necesidades de sus trabajadores, ya sea directamente o indirectamente, exportando productos e importando alimentos y materias primas desde otros países. Una y otra vez los primeros historiadores del capitalismo – uno difícilmente puede usar una palabra más suave – han falsificado la historia. Una anécdota que solían contar – muy posiblemente inventada – involucra a Benjamín Franklin. De acuerdo con la historia, Franklin visitaba una fábrica algodonera en Inglaterra y el propietario de la fábrica, lleno de orgullo, le dice: ‘Vea, aquí hay artículos de algodón para Hungría’. Benjamín Franklin, mirando alrededor, viendo que los trabajadores estaban pobremente vestidos, dijo: ‘¿Por qué Ud. no produce también para sus propios trabajadores?’ Pero esas exportaciones de las cuales el propietario de la fábrica había hablado realmente significaban que él producía para sus propios trabajadores ya que Inglaterra debía importar todas las materias primas. No había algodón en Inglaterra o en la Europa continental. Había escasez de alimentos en Inglaterra, y los alimentos debían ser importados de Polonia, de Rusia, de Hungría. Esas exportaciones eran la manera de pagar las importaciones de alimentos que hacían posible la supervivencia de la población británica. Muchos ejemplos de la historia de esas épocas mostrarán la actitud de la burguesía y de la aristocracia hacia los trabajadores. Deseo citar sólo dos ejemplos. Uno es el famoso sistema Británico denominado ‘Speenhamland’. Por este sistema el gobierno Británico pagaba a todos los trabajadores que no tuvieran un salario mínimo (así determinado por el gobierno) la diferencia entre el salario que recibieran y este salario mínimo. Esto ahorraba a la aristocracia terrateniente el problema de pagar mayores salarios. La aristocracia pagaría los tradicionalmente bajos salarios agrícolas y el gobierno lo complementaría, evitando así que los trabajadores dejaran sus ocupaciones rurales para buscar empleo en una fábrica urbana. Ochenta años más tarde, después de la expansión del capitalismo desde Inglaterra a la Europa continental, la aristocracia terrateniente nuevamente reaccionó contra el nuevo sistema de producción. En Alemania, los Junkers prusianos, habiendo perdido muchos trabajadores a los mayores salarios pagados por las industrias capitalistas, inventaron un término especial para el problema: ‘huída del campo –Landflucht’. Y en el Parlamento alemán discutieron lo que podía hacerse contra este mal, como era considerado desde el punto de vista de la aristocracia terrateniente. El Príncipe Bismarck, el famoso Canciller del Reich Alemán, en un discurso, un día dijo: ‘Encontré un hombre en Berlin que una vez había trabajado en mi establecimiento de campo, y le pregunté: ‘¿Por qué dejo el establecimiento, por qué se fue del campo, por qué ahora vive en Berlin?’ Y de acuerdo con Bismarck este hombre contestó: ‘No tienen un Biergarten tan lindo en el pueblito del campo, como tenemos aquí en Berlin, donde uno puede sentarse, beber cerveza y escuchar música’ Esta es una historia, desde ya, contada desde el punto de vista del Príncipe Bismarck, el empleador. No era el punto de vista de sus empleados. Ellos se iban a la industria porque la industria les pagaba más altos salarios y elevaba su nivel de vida de una manera que no tenía precedentes. En la actualidad, en los países capitalistas, hay relativamente poca diferencia entre la vida básica de las así llamadas clases altas y bajas; ambas tienen comida, ropa y alojamiento. Pero en el siglo XVIII – y antes – la diferencia entre el hombre de la clase media y el hombre de la clase baja era que el hombre de la clase media tenía zapatos y el hombre de la clase baja no tenía zapatos. En los EEUU hoy la diferencia entre un hombre rico y un hombre pobre significa, a menudo, solamente la diferencia entre un Cadillac y un Chevrolet. El Chevrolet puede haber sido comprado de segunda mano pero, básicamente, le da el mismo servicio a su propietario: él, también, puede manejar de un punto a otro. Más del cincuenta por ciento de la gente en los EEUU vive en casas y departamentos de su propiedad. Los ataques contra el capitalismo – especialmente en lo que respecta al mayor nivel salarial – comienzan del falso supuesto que dichos salarios son en última instancia pagados por gente que es diferente de quienes están empleados en las fábricas. Es correcto para los economistas y los estudiantes de teorías económicas distinguir entre el trabajador y el consumidor y establecer una diferencia entre ellos. Pero el hecho es que cada consumidor debe, de una u otra manera, ganar el dinero que gasta, y la inmensa mayoría de los consumidores son precisamente las mismas personas que trabajan como 12 empleados en las empresas que producen las cosas que ellos consumen. El nivel de salarios – bajo el capitalismo – no está fijado por una clase de gente diferente de la clase de gente que gana los salarios; ellos son la misma gente. No es la empresa cinematográfica de Hollywood quien paga los salarios de una estrella del cine; es la gente que paga su entrada para ver las películas. Y no es el empresario de una pelea de boxeo quien paga las enormes sumas que demandan los boxeadores de cartel; es la gente que paga su boleto para ver la pelea. A través de la distinción entre empleador y empleado, una diferenciación se establece en la teoría económica, pero no hay una diferenciación en la vida real; en ésta, el empleador y el empleado son, en última instancia, una persona, la misma persona. Hay gente en muchos países que considera muy injusto que un hombre, quien debe mantener una familia con varios hijos, reciba el mismo salario que un hombre quien solamente debe mantenerse a sí mismo. Pero la cuestión no es si el empleador debe tener una mayor responsabilidad por el tamaño de la familia de su trabajador. La pregunta que debemos hacernos en este caso es: ¿Está Ud. dispuesto – como un individuo – a pagar más por algo, por ejemplo, una hogaza de pan, si se le dice que el hombre que produjo este pan tiene seis hijos? La persona honesta ciertamente contestará por la negativa y dirá: ‘En principio sí, pero de hecho, si cuesta menos, mejor compraría el pan producido por un hombre sin hijos’ El hecho es que, si los compradores no le pagan al empleador lo suficiente para permitirle pagar a sus trabajadores, se tornará imposible para el empleador permanecer en el negocio. El sistema capitalista fue denominado ‘capitalismo’ no por un amigo del sistema, sino por una persona que lo consideraba el peor de todos los sistemas en la historia, el más grande de los males que había caído sobre la humanidad. Este hombre era Karl Marx. Pero no hay razón para rechazar el término creado por Marx, ya que describe claramente la fuente de las grandes mejoras sociales traídas por el capitalismo. Esas mejoras son el resultado de la acumulación de capital; están basadas sobre el hecho que la gente, como norma, no consume todo lo que ha producido, que ahorran – e invierten – una parte. Hay muchos malentendidos sobre este problema y – en el curso de estas conferencias – tendré la oportunidad de enfrentar los más fundamentales errores que la gente tiene concernientes a la acumulación de capital, el uso del capital, y las universales ventajas que pueden ganarse con dicho uso. Trataré el capitalismo particularmente en mis conferencias sobre inversiones extranjeras y sobre el más crítico problema político de la actualidad, la inflación. Saben, por supuesto, que la inflación existe no solamente en este país. Hoy, es un problema en todo el mundo. Un hecho sobre el capitalismo, a menudo no bien explorado, es éste: los ahorros significan beneficios para todos aquellos que ansían producir o ganar un salario. Cuando una persona ha ahorrado una cierta suma de dinero – digamos mil dólares – y, en vez de gastarlos, confía estos dólares a un banco o a una compañía de seguros, el dinero va a las manos de un empresario, de un hombre de negocios, permitiéndole embarcarse en un proyecto, en el cual no podría haberse embarcado ayer pues el capital requerido no estaba disponible. ¿Qué hará ahora el hombre de negocios con este capital adicional? La primera cosa que debe hacer, el primer uso que debe hacer de este capital adicional es salir a contratar trabajadores y comprar materias primas, lo cual causa una adicional demanda de trabajadores y materias primas así como una tendencia hacia más altos salarios y más altos precios de las materias primas. Mucho antes que el ahorrista o el empresario obtengan alguna ganancia de todo esto, el trabajador antes desempleado, el productor de las materias primas, el agricultor, el jornalero, están todos repartiéndose los beneficios del incremento en el ahorro. El momento en el cual el empresario obtendrá algo de su proyecto, depende de las condiciones del mercado en el futuro y de su habilidad en anticipar correctamente esas 13 futuras condiciones del mercado. Pero los trabajadores así como los productores de materias primas obtienen sus beneficios en forma inmediata. Mucho se habló, hace treinta o cuarenta años, sobre la así llamada ‘política de salarios’ de Henry Ford. Uno de los mayores logros del Sr. Ford fue pagar más altos salarios que los que pagaban otros industriales u otras fábricas. Su política de salarios fue descripta como una invención, pero no alcanza decir que esta nueva política ‘inventada’ era el resultado de la liberalidad del Sr. Ford. Un nuevo ramo de negocios, o una nueva fábrica en un ramo de negocios ya existente, tiene que atraer trabajadores de otros empleos, de otras partes del país, aún de otros países. Y la única manera de hacer esto es ofrecer a los trabajadores un mayor salario por su trabajo. Esto es lo que tuvo lugar en los primeros días del capitalismo, y tiene lugar aún hoy. Cuando los fabricantes en Gran Bretaña comenzaron a fabricar productos de algodón, pagaban a sus trabajadores más que lo que éstos ganaban antes. Por supuesto, un gran porcentaje de estos nuevos trabajadores no habían ganado absolutamente nada antes de ello y estaban dispuestos a aceptar cualquier cosa que les ofrecieran. Pero después de un corto período de tiempo – cuando más y más capital se acumulaba y más y más nuevas empresas se desarrollaban – los niveles de salario crecieron, y el resultado fue el inaudito crecimiento en la población británica de lo cual ya hablamos antes. La desdeñosa descripción del capitalismo por algunas personas como un sistema diseñado para hacer que los ricos se vuelvan más ricos y que los pobres se vuelvan más pobres es errónea del principio al fin. La tesis de Marx sobre la venida del socialismo estaba basada sobre el supuesto que los trabajadores estaban volviéndose más pobres, que las masas estaban convirtiéndose cada vez en más indigentes, y que finalmente toda la riqueza de un país se concentraría en unas pocas manos o en las manos de una sola persona. Y entonces, la masa de trabajadores empobrecidos finalmente se rebelaría y expropiaría los bienes de los ricos propietarios. De acuerdo con esta doctrina de Karl Marx, no puede existir oportunidad alguna, ninguna posibilidad dentro del sistema capitalista para mejora alguna de las condiciones de los trabajadores. En 1864, hablando frente a la Asociación Internacional de Trabajadores, en Inglaterra, dijo que la creencia que los sindicatos pudieran mejorar las condiciones de la población trabajadora mera ‘absolutamente un error’. A la política de los sindicatos pidiendo salarios más altos y más cortas horas de trabajo la denominó conservadora – siendo el conservadorismo – desde luego – el término más duramente condenatorio que Karl Marx podía usar. Sugirió que los sindicatos se pusieran un nuevo, revolucionario objetivo: ‘eliminar totalmente el sistema de salarios ‘e instaurar el ‘socialismo’ – el gobierno propietario de los medios de producción – para reemplazar el sistema de propiedad privada. Si estudiamos la historia del mundo, y especialmente la de Inglaterra desde 1865, nos daremos cuenta estaba totalmente equivocado. No existe un país capitalista, occidental, en donde las condiciones de las masas no hayan mejorado en una forma sin precedentes. Todas estas mejoras de los últimos ochenta o noventa años se realizaron a pesar de los pronósticos de Karl Marx, ya que los socialistas marxistas creían que las condiciones de los trabajadores nunca podrían mejorarse. Eran seguidores de una falsa teoría, la famosa ‘ley de hierro de los salarios’ – la ley que establecía que el salario del trabajador, bajo el capitalismo, no podría exceder el monto que necesitaba como sustento de su vida para servir a la empresa. Los marxistas formulaban su teoría de esta manera: si los niveles de salario de los trabajadores van hacia arriba, y los salarios suben por encima de los niveles de subsistencia, los trabajadores tendrán más hijos; y cuando estos hijos ingreses en la fuerza laboral, incrementarán la cantidad de trabajadores hasta el punto en que los niveles de salarios caigan llevando otra vez a los trabajadores hacia abajo a un nivel de 14 subsistencia, el mínimo nivel de subsistencia que escasamente evitará que la población trabajadora se extinga. Pero esta idea de Marx, como las de muchos otros socialistas, en un concepto del hombre trabajador precisamente como aquel que usan los biólogos –correctamente – en el estudio de la vida de los animales. De los ratones por ejemplo. Si se incrementa la cantidad de alimento disponible para los organismos animales o para los microbios, entonces una mayor cantidad de ellos sobrevivirá. Si se restringe su alimento, también se restringirá su cantidad. Pero el hombre es diferente. Aún el trabajador – a pesar del hecho que los marxistas no quieran reconocerlo – tiene requerimientos humanos diferentes al alimento y a la reproducción de su especie. Un inremento en los salarios reales resultará no solamente en un incremento de la población, resultará también, antes que nada, en un mejoramiento del nivel de vida promedio. Esa es la razón por la que tenemos un mejor nivel de vida en Europa Occidental y en los EEUU que en las naciones en desarrollo de, digamos, África. Debemos entender, sin embargo, que este más alto nivel de vida depende del suministro de capital. Esto explica la diferencia entre las condiciones en los EEUU y las condiciones en la India; métodos modernos de combatir enfermedades contagiosas han sido instaurados en la India – en alguna forma por lo menos – y el efecto ha sido un crecimiento sin precedentes en la población; pero, dado que este crecimiento en la población no ha sido acompañado por un correspondiente incremento en el monto del capital invertido, el resultado ha sido un incremento en la pobreza. Un país se vuelve más próspero en proporción al incremento del capital invertido por habitante. Espero que en las otras conferencias tenga la oportunidad de ocuparme con mayor detalle de estos problemas y que pueda clarificarlos, porque algunos términos – como ‘el capital invertido per capita’ – requieren una más detallada explicación. Pero deben recordar que en políticas económicas no hay milagros. Han leído en muchos diarios y discursos sobre el así llamado ‘milagro económico’ alemán, la recuperación de Alemania después de su derrota y destrucción en la segunda guerra mundial. Pero esto no fue milagro alguno. Fue la aplicación de los principios de la economía de libre mercado, de los métodos del capitalismo, aún cuando no fueron totalmente aplicados en todos sus aspectos. Cualquier país puede experimentar el mismo ‘milagro’ de recuperación económica, aunque debo insistir que la recuperación económica no proviene de un ‘milagro’, viene de la adopción de – y es el resultado de – sanas políticas económicas. Otros posts promoviendo la libertad: "De cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad" Creencias progres (o lo que deberian leer los anti-liberales) Socialismo: Error intelectual, imposibilidad cientifica El origen del dinero, ¿el origen de todos los males? La derecha y el capitalismo El Cristal Roto: Una lección de economía de Frederic Bastiat. Fuente

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Discurso para reflexionar sobre America Latina
Discurso para reflexionar sobre America Latina
Apuntes Y MonografiasporAnónimo5/6/2009

Las siguientes palabras fueron dichas por el presidente de Costa Rica Oscar Arias, en el marco de la V Cumbre de las Americas en Trinidad y Tobago. "Algo hicimos mal" Por Oscar Arias Presdiente de Costa Rica, Premio Nobel de la Paz Trinidad y Tobago, 18 de abril del 2009 Tengo la impresión de que cada vez que los países caribeños y latinoamericanos se reúnen con el presidente de los Estados Unidos de América, es para pedirle cosas o para reclamarle cosas. Casi siempre, es para culpar a Estados Unidos de nuestros males pasados, presentes y futuros. No creo que eso sea del todo justo. No podemos olvidar que América Latina tuvo universidades antes de que Estados Unidos creara Harvard y William & Mary, que son las primeras universidades de ese país. No podemos olvidar que en este continente, como en el mundo entero, por lo menos hasta 1750 todos los americanos eran más o menos iguales: todos eran pobres. Cuando aparece la Revolución Industrial en Inglaterra, otros países se montan en ese vagón: Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda… y así la Revolución Industrial pasó por América Latina como un cometa, y no nos dimos cuenta. Ciertamente perdimos la oportunidad. También hay una diferencia muy grande. Leyendo la historia de América Latina, comparada con la historia de Estados Unidos, uno comprende que Latinoamérica no tuvo un John Winthrop español, ni portugués, que viniera con la Biblia en su mano dispuesto a construir “una Ciudad sobre una Colina”, una ciudad que brillara, como fue la pretensión de los peregrinos que llegaron a Estados Unidos. Hace 50 años, México era más rico que Portugal . En 1950, un país como Brasil tenía un ingreso per cápita más elevado que el de Corea del Sur. Hace 60 años, Honduras tenía más riqueza per cápita que Singapur, y hoy Singapur -en cuestión de 35 ó 40 años- es un país con $40.000 de ingreso anual por habitante. Bueno, algo hicimos mal los latinoamericanos. ¿Qué hicimos mal? No puedo enumerar todas las cosas que hemos hecho mal. Para comenzar, tenemos una escolaridad de 7 años. Esa es la escolaridad promedio de América Latina y no es el caso de la mayoría de los países asiáticos. Ciertamente no es el caso de países como Estados Unidos y Canadá, con la mejor educación del mundo, similar a la de los europeos. De cada 10 estudiantes que ingresan a la secundaria en América Latina, en algunos países solo uno termina esa secundaria. Hay países que tienen una mortalidad infantil de 50 niños por cada mil, cuando el promedio en los países asiáticos más avanzados es de 8, 9 ó 10. Nosotros tenemos países donde la carga tributaria es del 12% del producto interno bruto, y no es responsabilidad de nadie, excepto la nuestra, que no le cobremos dinero a la gente más rica de nuestros países. Nadie tiene la culpa de eso, excepto nosotros mismos. En 1950, cada ciudadano norteamericano era cuatro veces más rico que un ciudadano latinoamericano. Hoy en día, un ciudadano norteamericano es 10, 15 ó 20 veces más rico que un latinoamericano. Eso no es culpa de Estados Unidos, es culpa nuestra. En mi intervención de esta mañana, me referí a un hecho que para mí es grotesco, y que lo único que demuestra es que el sistema de valores del siglo XX, que parece ser el que estamos poniendo en práctica también en el siglo XXI, es un sistema de valores equivocado. Porque no puede ser que el mundo rico dedique 100.000 millones de dólares para aliviar la pobreza del 80% de la población del mundo -en un planeta que tiene 2.500 millones de seres humanos con un ingreso de $2 por día- y que gaste 13 veces más ($1.300.000.000.000) en armas y soldados. Como lo dije esta mañana, no puede ser que América Latina se gaste $50.000 millones en armas y soldados. Yo me pregunto: ¿quién es el enemigo nuestro? El enemigo nuestro, presidente Correa, de esa desigualdad que usted apunta con mucha razón, es la falta de educación; es el analfabetismo; es que no gastamos en la salud de nuestro pueblo; que no creamos la infraestructura necesaria, los caminos, las carreteras, los puertos, los aeropuertos; que no estamos dedicando los recursos necesarios para detener la degradación del medio ambiente; es la desigualdad que tenemos, que realmente nos avergüenza; es producto, entre muchas cosas, por supuesto, de que no estamos educando a nuestros hijos y a nuestras hijas. Uno va a una universidad latinoamericana y todavía parece que estamos en los sesenta, setenta u ochenta. Parece que se nos olvidó que el 9 de noviembre de 1989 pasó algo muy importante, al caer el Muro de Berlín, y que el mundo cambió. Tenemos que aceptar que este es un mundo distinto, y en eso francamente pienso que todos los acad micos, que toda la gente de pensamiento, que todos los economistas, que todos los historiadores, casi que coinciden en que el siglo XXI es el siglo de los asiáticos, no de los latinoamericanos. Y yo, lamentablemente, coincido con ellos. Porque mientras nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías, seguimos discutiendo sobre todos los “ismos” (¿cuál es el mejor? capitalismo, socialismo, comunismo, liberalismo, neoliberalismo, socialcristianismo…), los asiáticos encontraron un “ismo” muy realista para el siglo XXI y el final del siglo XX, que es el pragmatismo. Para solo citar un ejemplo, recordemos que cuando Deng Xiaoping visitó Singapur y Corea del Sur, después de haberse dado cuenta de que sus propios vecinos se estaban enriqueciendo de una manera muy acelerada, regresó a Pekín y dijo a los viejos camaradas maoístas que lo habían acompañado en la Larga Marcha: “Bueno, la verdad, queridos camaradas, es que mí no me importa si el gato es blanco o negro, lo único que me interesa es que cace ratones” . Y si hubiera estado vivo Mao, se hubiera muerto de nuevo cuando dijo que “la verdad es que enriquecerse es glorioso”. Y mientras los chinos hacen esto, y desde el 79 a hoy crecen a un 11%, 12% o 13%, y han sacado a 300 millones de habitantes de la pobreza, nosotros seguimos discutiendo sobre ideologías que tuvimos que haber enterrado hace mucho tiempo atrás. La buena noticia es que esto lo logró Deng Xioping cuando tenía 74 años. Viendo alrededor, queridos Presidentes, no veo a nadie que esté cerca de los 74 años. Por eso solo les pido que no esperemos a cumplirlos para hacer los cambios que tenemos que hacer. Muchas gracias. Original en: El Ecuatoriano Noticias Visitá mis otros posts: El origen de la inflacion explicado a los niños La lucha contra las drogas. Un enfoque diferente. El ¿perjudicial monopolio? de Clarin "De cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad" Creencias progres (o lo que deberian leer los anti-liberales) Socialismo: Error intelectual, imposibilidad cientifica El origen del dinero, ¿el origen de todos los males? La derecha y el capitalismo El Cristal Roto: Una lección de economía de Frederic Bastiat.

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El gobierno quiere limitar el horario de los boliches
El gobierno quiere limitar el horario de los boliches
Apuntes Y MonografiasporAnónimo8/22/2009

Para los que no conocen la noticia pueden leerla aca. El siguiente es un artículo de opinión sobre el tema, por Gabriel Casave Bailando en la oscuridad Las noticias que llegan desde la provincia de Buenos Aires dan cuenta de que su gobernador y un grupo de intendentes se encontraría analizando la posibilidad de volver a imponer topes horarios a los boliches dentro del territorio provincial, preocupados por el alto consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes y por los profusos episodios de violencia. Se trata de una idea que en los hechos implicaría volver a implementar una medida que hace más de una década dispuso que los locales bailables no podían permanecer abiertos más allá de determinado horario, limite que variaba según la época del año. En aquella oportunidad, la prohibición tenía por objeto “salvaguardar a la juventud de aquellas situaciones que puedan dañar su salud física y mental, así como también procurar alejarlos del flagelo de la droga”, para lo que basta con leer los periódicos locales cada mañana para percatarse de que la norma de nada sirvió. Una vez más, los gobernantes pretenden asumir una actitud paternalista, subestimando a los ciudadanos y arrogándose la facultad de decidir cómo éstos han de comportarse en sus vidas. Nuevamente, el Estado abandona su rol de árbitro para adoptar la inmoral actitud de aquel que en lugar de hacer justicia, realiza tareas de “ingeniería social” y se pone a patear la pelota hacia el lado que circunstancialmente le parece mejor. Al igual que la anterior disposición provincial, la que se encuentra en estudio pecará ante todo de una gran ingenuidad. Cuando los individuos tienen en claro cuáles son sus valores y qué cosas son buenas para su vida, no abandonan tales principios por el mero hecho de que hayan pasado las tres de la mañana en invierno o las cuatro en verano. Por otra parte, aquellos que aún no tienen bien definidos dichos aspectos, no van a encontrarse en una mejor situación a las once de la noche que a las seis de la madrugada. El argumento de que en la mayoría de las grandes urbes del mundo se hayan tomado resoluciones similares es poco convincente. La circunstancia de que muchos cometan un error, no convierte a lo equivocado en algo correcto. A lo sumo lo vuelve un error popular. Cabe recordar aquí que las reglamentaciones suelen ser como las cucarachas, nunca aparecen de a una. Como toda regulación, la que disponga la veda nocturna tampoco será una decisión aislada. Siempre que se realiza una injerencia en el mercado, la misma debe ser apuntalada por toda una maraña de artillería colectivista a fin de que no produzca efectos contrarios a los buscados en su implementación, cosa que por otra parte jamás puede lograrse. Se nos ocurre que en el caso que nos ocupa, a la decisión provincial que establezca la restricción de marras, deberán sumársele necesariamente otro tipo de disposiciones, como por ejemplo las que dispongan: 1 – la celebración de acuerdos con las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires y las provincias vecinas, para consensuar que en ellas se establezca idéntica prohibición, a fin de evitar de esta forma que los afectados busquen cruzar los límites provinciales en aras de satisfacer su perenne necesidad de esparcimiento; 2 - resolver qué ocurrirá si en ciudades cercanas a la costa atlántica, dónde debido a las grandes distancias sus habitantes se vean impedidos de emigrar, se decida realizar las reuniones abordo de alguna embarcación. ¿Habrá que prever alguna medida en conjunto con el Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación, y por su intermedio con la Prefectura Naval, a fin de poder encauzar a los acuáticos “fiesteros”?; 3 – la imposición de las autoridades de transporte a las empresas del ramo de un incremento en la frecuencia de sus servicios durante la madrugada para garantizar así el pronto regreso al hogar del los parranderos noctámbulos. La misma deberá complementarse con otra norma que otorgue el correspondiente subsidio a fin de compensar los costos adicionales que acarreará tal obligación, y por último, 4 – la insoslayable designación de un cuerpo de inspectores ad-hoc, encargado de fiscalizar el cumplimiento de las mencionadas ordenes gubernamentales, quienes obviamente deberán de percibir jugosos adicionales remunerativos por trabajar en horas desfavorables. Al mismo tiempo, se deberá instrumentar la afectación de numerosos efectivos de la policía bonaerense como apoyo logístico de esos afanados burócratas. La precedente enumeración, la cual por supuesto no pretende ser taxativa, no es hecha a los efectos de despabilar giles sino simplemente para que tomemos conciencia de que estamos una vez más en presencia de la paradojal situación en la cual los ciudadanos destinan el fruto de su esfuerzo a solventar a individuos que en lugar de proteger su vida y su propiedad, se dedican a vulnerarla. No diferiría mucho de la circunstancia de pagar de nuestro bolsillo el arma con la cuál un criminal ha de saquearnos o asesinarnos. Aunque en verdad, si habría una diferencia y es en favor de los criminales: con ellos no existe relación de dependencia y no les abonamos sus sueldos. Siempre que exista una demanda insatisfecha, los seres humanos vamos a procurar su satisfacción. El Estado podrá a lo sumo hacer más difícil y onerosa la misma, pero nada más. Quien tiene deseos de hacer o consumir algo no los cambia porque medie un decreto. Esto es algo que las autoridades deberían de haber aprendido hace ya mucho tiempo. Finalmente, no olvide que si hoy permite que el gobierno establezca a qué hora se debe acostar, el día de mañana terminará diciéndole también con quién tiene que hacerlo. Fuente.

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A Clarin le salio el tiro por la culta
Apuntes Y MonografiasporAnónimo9/13/2009

El tiro por la culata por Alex Tavigliani Hace tiempo que muchos propietarios de medios, en lugar de proponer una total desregulación, exigien que el Estado "regule y controle" la actividad. Claro que proponen intervenciones a su conveniencia. Y cuando se les señala que sus propuestas violan la libertad de prensa, hasta organizaciones "campeonas" en su defensa como la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (Adepa), hacen oídos sordos. Efectivamente, esta asociación, entre otras, viene quejándose, por caso, porque existen más de 6000 transmisores ilegales de radio, el 80% del espectro. Y le exigen al Estado que las "regule", que las reprima y hasta les aplique sanciones penales. Tras fuertes campañas alentadas por los medios "legales" (los aceptados por el gobierno), varios cientos de radios "ilegales" han sido cerradas. Ahora sucede que los Kirchner han decidido "hacerles caso" y regular aún más. Claro que, esta nueva regulación, es para provecho propio y no para lo que pretenden los dueños de los medios. Les salió el tiro por la culata. Así, Adepa criticó al nuevo proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual asegurando que no permitirá que se convierta en una "trampa para el acallamiento". ¿Se olvidaron de las radios que se cerraron a pedido de ellos? Los rumores dicen que el gobierno apunta particularmente a destrozar al grupo Clarín, archienemigo (¿archienemigo?) del kirchnerismo, y a quedarse con Telecom, una de las dos operadoras oligopólicas (gracias a privilegios estatales) del país, la otra es Telefónica. La nueva ley aumenta, todavía más, la discrecionalidad política en la difusión de información. Por ejemplo, en cuanto al espectro radiofónico, adjudica un tercio para las ONG y establece que el Estado tomará la extensión que considere necesaria y se arroga el derecho de otorgar licencias a discreción. A los privados solo les queda lo que el gobierno graciosamente quiera dejarles. Lo mismo que hoy, solo que más exagerado. Se crearía la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual, un verdadero organismo de censura que sustituye al anterior. Y, por si fallara la censura de este organismo, se agrega más burocracia: el Consejo Federal de Comunicación Audiovisual, un verdadero soviet integrado por 35 consejeros del Poder Ejecutivo. Por otro lado, la nueva ley exige que el 70% de la programación de las radios, el 60% de la TV abierta, el 30% en el caso de la divulgación de música y el 100% de los avisos publicitarios deben ser de producción nacional. La preocupación ha llegado a España. Telefónica debería desprenderse de Telefé, el canal de TV con mayor audiencia y otros canales ya que la nueva ley exige no ser propietarios de medios de aire a quienes lo son de TV por cable, lo que pretende la empresa española al querer introducir el "triple play" (telefonía, Internet y televisión por el mismo cable). Así se vería severamente perjudicado el grupo Clarín propietario de canales de aire y de cable. A las telefónicas se les aplicará la ley de bienes culturales que exige tener un 70% de acciones en manos de argentinos. Obligando a Telefónica y a Telecóm a abrir su participación accionaria para lo que acechan empresarios amigos del gobierno. También está en jaque el grupo español Prisa, propietaria de más de 18 radios cuando la nueva ley establece un máximo de 10. Para colmo de males, la "oposición", el vicepresidente Cobos, Macri y De Narváez son más de lo mismo, y solo proponen revisar la ley cuando tengan el poder. No entienden que lo malo es el hecho de regular, de imponer coactivamente, vía monopolio estatal de la violencia, el capricho del gobernante de turno. Lo malo es el falso concepto de "violencia justa", cuando no es cierto que la autoridad deba ser coactiva para ser tal, ni que la defensa propia necesita de la violencia, cuando los métodos más eficaces de defensa, sino los únicos, son los pacíficos. Una vez establecido el criterio de "violencia justa", para tener un autoritarismo, solo basta encontrar un político demagogo, cosa que todos los políticos son en alguna medida. FUENTE

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Redistirbución de la riqueza: un problema para la pobreza
Apuntes Y MonografiasporAnónimo2/23/2010

Redistirbución de la riqueza: un problema para la pobreza Probablemente, en los próximos días, los medios se ocuparán de la nueva medición sobre la distribución de la riqueza publicada por el nada confiable INDEC. Este índice mide las diferencias entre los deciles de la población, y comparando los de más altos ingresos con los de más bajos se puede llegar a una conclusión sobre la situación de la "distribución de la riqueza" y "desigualdad social". Este estudio arrojó que el índice GINI, que mide la desigualdad, de nuestro país, es de 0,457 (en una escala donde en 0 todos ganan lo mismo y en 1 solo una persona se lleva toda). Además, en la edición impresa de La Nación del 20 de febrero, agregan los siguientes datos: "La brecha que separa a ricos y pobres volvió a ampliarse. Por cada peso que gana el 10% menos favorecido de la población, el otro extremo de la pirámide social se queda con $ 28,24". La "desigualdad social" de un país puede ser baja tanto en países pobres como países ricos, de esta manera mientras que el índice GINI de la Unión Europea es de 0,307 un número similar ostenta Pakistán. Con la salvedad que, a pesar de que el tan aclamado índice GINI es mejor que el de Argentina, el 60% de su población vive con menos de dos dólares por día.1 Absolutamente todo el espectro político argentino ubica como uno de los asuntos más prioritarios la "desigualdad social" o "redistribución de la riqueza", esto puede dar a entender dos cosas: o que las intenciones de todos los políticos es socializar la pobreza, y que todos pasemos a convertirnos en pobres, o, que no tienen idea de cómo se debe abordar el problema de la pobreza. Para poder abordar la cuestión de los mas necesitados, debemos partir de saber cuál es el estado de situación que nosotros, desde el Partido Liberal Libertario, pretendemos alcanzar: que los que menos tengan puedan gozar de mejores condiciones de vidas, y que estas sean aceptables para cualquier persona. Para poder lograr esto, debemos sacar del léxico de los políticos la "desigualdad social" o "el problema de la distribución", porque mientras vivamos en libertad, esta desigualdad va a existir ya que cada uno de los individuos que componemos a la sociedad somos desiguales en todos los aspectos, y esas desigualdades tanto físicas, como intelectuales, como psicológicas van a arrojar resultados diversos. Por último, hay que entender que en una sociedad desigual siempre va a existir la pobreza, pues esta es una clasificación relativa que se les da a los que menos ingresos (o patrimonio) tienen. El asunto principal en el que debemos focalizarnos es que implica "ser pobre". Una persona pobre en Estados Unidos, Australia, o algún otro país miembro de la OECD (organización que aglutina a países considerados del "primer mundo" ) será rica en comparación con un pobre de Zimbabwe, Lesotho o algún otro país africano. Es más sin irnos a ejemplos tan extremos un pobre de la menos igualitaria Estados Unidos tendrá una mejor calidad de vida que un pobre de la más igualitaria Europa.2 Nuestro objetivo debe ser que ser pobre no signifique vivir en la pobreza extrema. Lamentablemente, los políticos que se aducen representar a los ciudadanos de este país, creen que la única solución para lograr esto es logrando una mejor (¿mejor?) redistribución el ingreso, es decir generar políticas que ataque el patrimonio de los niveles socio-económicos medios y altos, y transferir esos ingresos a los más pobres (sin tener en cuenta que muchas veces se le saca a los que menos tienen y lo redistribuyen entre los políticos). Este tipo de abordaje no solo implica una inaceptable violación a los derechos individuales de la gente, sino que los hechos demuestran que cualquier política en este sentido agravará la situación de marginalidad, la isla de Cuba es un claro ejemplo con una población que alcanza a toda la sociedad pero un coeficiente GINI relativamente bueno de 0.30 (según el Global Peace Index 2008). Lo realmente preocupante es que esta visión sobre la pobreza no es solo predominante entre los políticos actuales, sino que las jóvenes generaciones de políticos de todo el espectro partidario piensan en el mismo sentido, como se puede leer en la edición del 10 de febrero en La Nación: "Desigualdad social, corrupción, falta de acuerdos en la toma de decisiones. Esos son los problemas más graves que atraviesa la Argentina, según un grupo de jóvenes que desde los partidos políticos tienen la esperanza de cambiar el país" (las itálicas son mias). La única manera en la que se puede mejorar la situación de unos sin perjudicar a otros, partiendo de que nadie tiene derecho a obtener por la fuerza lo que no es suyo, es con un aumento de la tasa de capitalización per capita, en palabras más simples, con un aumento en las inversiones, ya que estás traen aparejado un aumento en la productividad y con esto un incremento real en los salarios (y no los aumentos por decreto que, como somos testigos todos los días, logran un efecto contrapuesto). Este es el motivo por el cual un obrero de la construcción boliviano, solo con mudarse a Estados Unidos, donde las tasas de capitalización son mayores, pasa a ganar mucho más que en su Bolivia de origen y elevar su calidad de vida y la de su familia. No obstante, muchos siguen creyendo que la prosperidad de una sociedad se da cuando los sindicatos tiene mayor poder para presionar y ejercer violencia contra empresarios y empleados, cuando el gobierno dictamina diferentes regulaciones que impiden que puedan prosperar las empresas (sean grandes o chicas), o cuando se intenta "fomentar el empleo" mediante absurdas políticas mercantilistas, como si todo se tratar de distribuir un quantum estático de riqueza y no pudiese ser generada. Los pocos que se oponen a esta teoría de redistribucionismo son adherentes de otra teoría por igual incorrecta, "primero hay que generar riqueza y luego redistribuirla". A esta propuesta se le pueden oponer dos objeciones por igual importantes. En primer lugar, creen que determinadas personas (políticos elegidos) tienen que tener la potestad de decidir quiénes son los que deben recibir los frutos del trabajo de un tercero, es decir que lo que uno obtiene legítimamente, o parte de ello, pueda ser expropiado y entregado a un tercero, todo bajo el concepto de que debemos ser "solidarios", sin embargo, se olvidan del factor voluntario de la solidaridad. Cuando la solidaridad se basa en la coerción no es solidaridad sino un robo. En segundo lugar, proclamar que se debe generar y luego distribuir la riqueza, es no comprender que el proceso de producción y distribución es el mismo, y si al productor le dijeran que el no va a poder elegir la distribución de esa riqueza, entonces no habrá producción y mucho menos distribución. En conclusión, para mejorar la calidad de vida de los mas desaventajados en primer lugar se debe dejar a un lado esa visión que se enfoca en los que más tienen y no en los que menos tienen. En segundo lugar se deben respetar los derechos individuales, incluido los derechos de propiedad, y de esta manera poder atraer inversiones, que en definitiva elevarán el nivel de vida de los que menos tienen. Ya lo decía, Juan Bautista Alberdi, en el Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su constitución de 1853: ¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro: que no le haga sombra. Es verdad, que un aumento en la calidad de vida en una sociedad abierta no se da de un día para el otro, y mientras tanto la situación de algunas personas es intolerable, pero mientras se sigan políticas sensatas como las que proponemos, desde el gobierno y, especialmente, desde la sociedad civil podrán surgir organizaciones destinadas a paliar esta situación, pero eso ya es materia para otro artículo. Aquellos interesados en leer mas sobre este tema recomendamos "En defensa de los mas necesitados", de Alberto Benegas Lynch (h) y Martin Krause, ed. Atlantida. Accesible online en http://www.hayek.org.ar/En_defensa_de_los_mas_necesitados.pdf. 1 Todos las cifras relacionadas con pobreza y desigualdad son obtenidas del CIA World Factbook, salvo que este aclarado. La CIA toma los datos proporcionados por los propios países y la ONU. 2 Rector, Robert. "How 'Poor' Are America's Poor?" in Julian Simon ed. "The State of Humanity" (Cambridge Mass.: Blackwell Publishers, 1995), p. 240–56. Table 24.1. fuente

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El monopolio intelectual es un mal innecesario
Apuntes Y MonografiasporAnónimo6/5/2009

Un argumento contra la propiedad intelectual El monopolio intelectual es un mal innecesario Por Art Carden en El Independent En su premura por estimular la economía, la administración Obama está pregonando distintos planes “visionarios” para hacer que la economía estadounidense se vuelva más progresista, más innovadora y más vanguardista mediante el otorgamiento de subsidios a proyectos basados en motivaciones políticas como el de la tecnología “verde”. Estas políticas activas serán ineficaces. Investigaciones recientes sugieren que una forma mucho más eficaz de alcanzar idénticos objetivos sería eliminando el monopolio intelectual y reduciendo la carga de las reglamentaciones que recae sobre los innovadores. Según la opinión generalmente aceptada en economía, los derechos a un monopolio temporario—las patentes—son necesarios para brindarle a la gente incentivos para descubrir ideas mejores y más novedosas. Después de todo, si los individuos que arriban a nuevas ideas viesen que ellas son copiadas por sus competidores sin costo alguno, ¿por qué se molestarían en emplear tiempo y energía? Por tal razón, tenemos a las patentes. Pero la opinión generalmente aceptada es errónea. En su libro de 2008 Against Intellectual Monopoly, los economistas Michele Boldrin y David Levine arrojaron una bomba que, espero, derrumbará el consenso acerca de los derechos sobre las ideas. Utilizando una teoría cuidadosamente desarrollada y abundantes ejemplos del mundo real, demuestran cómo las patentes en realidad reducen, en lugar de alentar, la innovación. Los innovadores como el pionero del motor a vapor James Watt, dedicaron enormes cuantías de tiempo y energía a defender los derechos a un monopolio en vez de destinarlas a crear nuevo valor. La innovación y el crecimiento prosiguieron rápidamente una vez que las patentes expiraron. En opinión de Boldrin y Levine, esto retardó el inicio del crecimiento económico moderno. Tal como lo sostienen estos autores, el monopolio intelectual es un mal innecesario. Además, es un resabio de las reglamentaciones mercantilistas medievales y de comienzos de la era moderna por las cuales los reyes y nobles concedían privilegios a súbditos favorecidos que reducían la eficiencia. La eliminación del monopolio intelectual reducirá los ingresos de los monopolistas intelectuales, pero desatará nuevas energías creativas en toda la economía. En su reciente libro The Gridlock Economy, el académico en leyes Michael Heller sostuvo que el monopolio intelectual reduce el ritmo de la innovación. Desataca que la innovadora música “rap”, como el trabajo inicial de la banda Public Enemy, fue una víctima temprana del monopolio intelectual. Las exigencias de que los artistas paguen regalías por la música que toman prestada restringió abruptamente la habilidad de los músicos raperos para innovar. Mientras que a algunos puede que no les importe la innovadora música “rap”, muchos se preocupan por el acceso a nuevas tecnologías médicas que salvan vidas. Heller explica cómo esta industria es particularmente susceptible a la “tragedia de los anti-comunes” generada por el monopolio intelectual. Si un invento requiere a fin de ser implementado de múltiples innovaciones patentadas, entonces cada poseedor individual de una de las patentes necesarias puede bloquear la innovación ulterior. Esto retarda el ritmo del progreso económico. Considérese otro ejemplo. ¿Disminuirían los logros artísticos de Britney Spears si sus derechos de monopolio intelectual fuesen rescindidos? Lo dudo. La señorita Spears es mucho más rica de lo que sería en ausencia del monopolio intelectual, pero su riqueza consiste mayormente en lo que los economistas denominan una renta económica: ingresos por encima de su costo de oportunidad. La eliminación de su monopolio intelectual muy probablemente no haría que eligiese dedicarse a otra actividad, pero conduciría a un incremento en el resultado creativo neto. El progreso se encuentra también desalentado por la reglamentación de los alimentos y fármacos, que exige años de extensas y costosas pruebas antes de que un medicamento pueda ser aprobado para la venta. Esto significa que algunas vidas son salvadas en virtud de que la gente se ve restringida a acceder a fármacos híper-seguros, pero las vidas salvadas lo son a costa de las vidas perdidas debido a que está demorada la aparición de estas drogas en el mercado. Además, otros medicamentos que resultarían útiles pero que podrían acarrear riesgos mayores nunca llegarán al mercado. El Jefe de Gabinete de la Casa Blanca Rahm Emanuel sugirió que la administración no debería desperdiciar las oportunidades que acarrean la actual crisis económica y política. Ahora mismo, la administración tiene la oportunidad de efectuar una movida audaz que estimulará la economía para las generaciones venideras. Mediante la eliminación del monopolio intelectual y la liberalización de los mercados, podemos alentar nuevas innovaciones y una mayor prosperidad. ===== Traducido por Gabriel Gasave Art Carden es Asociado Adjunto en el Independent Institute en Oakland, California, y profesor asistente en el Departamento de Economía y Negocios del Rhodes College. Visitá mis otros posts: Discurso para reflexionar sobre America Latina El origen de la inflacion explicado a los niños La lucha contra las drogas. Un enfoque diferente. El ¿perjudicial monopolio? de Clarin "De cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad" Creencias progres (o lo que deberian leer los anti-liberales) Socialismo: Error intelectual, imposibilidad cientifica El origen del dinero, ¿el origen de todos los males? La derecha y el capitalismo El Cristal Roto: Una lección de economía de Frederic Bastiat.

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